"¿A donde ir cuando no hay lugar para escapar? Donde sabes que no importa donde, nunca encontrarás la paz que deseas.
En todos lados hay alguien. Alguien que te mirará con celos, envidia y toda clase de porquerías humanas.
Basta para mí. Estoy cansado de vivir en esta gelatina de hipocresía donde la única solución es el suicidio."
Martín cerro el libro donde escribía, lo dejó sobre la mesa de la sala y miró por última vez su departamento. Cerró la puerta con doble llave y se cargó la mochila.
La puerta del ascensor chirrió al abrirse y el espejo le devolvió su rostro feliz. Feliz por la falta de presiones y cargas impuestas por una sociedad insaciable.
Paró un taxi y se dirigió por la avenida córdoba hacia zona norte donde había invertido los ahorros de sus últimos siete años: un velero amarrado en el puerto de Tigre.
Cuando subió a su bote no miró atrás, simplemente encendió el motor (obligatorio hasta salir del puerto) y una vez afuera, desplegó las velas. El plan era simple: dirigirse hacia el único lugar del mundo donde sabía que podría ser verdaderamente libre: el continente blanco.
La falta de experiencia se notó enseguida, básicamente el velero iba para donde quería. Martín revisaba una y otra vez el manual, pero las respuestas que encontraba en el acotado libro era tan ambiguas como poco útiles.
Por necesidad aprendió a pescar (a pesar de tener alimento para más de cuatro meses) e inventó un sistema seguro para hacer fuego en cubierta cuando el gas se agotó.
Tardó casi dos años en recorrer los poco más de tres mil kilómetros hasta su destino.
La desolación del continente llenó de alegría el corazón del viajero. El viento golpeaba duramente contra el abrigado y protegido Martín que no podía creer que realmente estuviera allí.
Caminó por horas, tirando del trineo donde tenía las cosas básicas para su nueva vida. Y lo más importante: no había en la bolsa ni un celular ni un GPS, ni nada. Cuando estuvo cansado armó la tienda y durmió un poco. Al levantarse el Sol seguía en el firmamento, regalo de la temporada de verano. Con las fuerzas renovadas caminó varios kilómetros, siempre jugando con la brújula hacia donde ir.
Se adaptó rápidamente a su nuevo hogar, en gran parte porque era tan feliz que sinceramente nada le importaba.
Por pura diversión se propuso un día llegar al polo magnético (que está a una distancia considerable del polo geográfico). Al quinto día se encontró con un obstáculo extraño: una pared casi perfectamente vertical, totalmente blanca se levantaba ante él. Su altura era increíblemente alta, casi que dificultaba apreciar donde terminaba la pared y comenzaba el cielo.
Intentó bordearla, pero a las dos semanas de caminar y caminar seguía sin encontrar un lugar por donde pasar. Estaba a punto de ceder en su búsqueda cuando notó una sutil entada en la pared. Al acercarse más pudo comprobar que una entrada perfectamente ovalada pero de difícil ubicación se abría ante él.
El túnel no parecía fabricado, aunque tampoco daba aspecto de natural debido a la perfección de las paredes.
Tres kilómetros adentro encontró el primer indicio de que algo no andaba bien: un envoltorio de chocolate "Jack" semi hundido en la pared de hielo. El viento producía extraños sonidos en el extenso túnel, casi parecía hablarle, invitarlo a seguir adentrándose.
A los diez kilómetros la luminosidad había disminuido considerablemente y Martín tuvo que prender la linterna. Aunque a las pocas horas volvió a apagarla regañándose por usar tecnología en el edén, siguió caminando largo rato guiándose únicamente por el tacto.
Horas más tarde su estómago comenzó a reclamar por comida y tomó algo de carne congelada que llevaba en su bolso. Bebida era relativamente fácil de conseguir, ya que todo el hielo es agua potable.
Algunos días después, cansado y débil Martín observó a lo lejos un pequeño punto luminoso. Tuvo que caminar casi un día completo hasta llegar a la nueva abertura que lo devolvería a su amada libertad. La luz del Sol lo cegó durante unos instantes hasta que pudo volver a acostumbrarse.
- "Buenos días camarada" -La voz era amigable, aunque totalmente extraña en aquel desolado lugar.- "Bienvenido".
- "¿Dónde?... ¿Dónde estoy?"
- "Nosotros lo llamamos "Hidekel"
Cuando Martín se acostumbró nuevamente a la luz observó delante de él un sinfín de tiendas, caminos y por sobre todo: gente.
- "¿Qué hacen acá? Se suponía que este continente es patrimonio de la humanidad. ¡No debería estar habitado por ninguna nación!"
- "Y nosotros no pertenecemos a ninguna. Encontrará mi querido camarada que todos los que vivimos aquí llegamos -supongo al igual que usted- huyendo de la civilización"
- "Si, pero... Momento ¿Cómo es que el clima es diferente aquí?"
Toda la gente que llegaba a ver a simple vista estaba en remera y Martín comenzaba a transpirar bajo las diferentes capas de abrigo que tenía encima.
- "No pretenda entenderlo todo de una camarada. Tendrá mucho tiempo para descubrirlo"
- "Ni aunque me paguen..."
Voltea y comienza a caminar nuevamente adentrándose en el túnel. El extraño le grita algo, pero no lo escucha. Él llegó a este lugar para estar solo, no para unirse a una nueva sociedad utópica.
Estaba tan enfurecido que caminó a gran velocidad durante mucho tiempo. Desorientado prendió la linterna para intentar encontrar el camino y ante su horror contempló que se encontraba en el medio de un gran salón natural con múltiples puertas. No tenía idea por donde había entrado ni por cual debía salir. Seguramente cuando pasó en sentido contrario, al estar totalmente a oscuras no advirtió el resto de los caminos, pero ahora... ¿Qué hacer?
Como un extraño deja vú, le volvieron a la mente las palabras de aquel hombre que lo quería convencer de permanecer en aquel "No sea tonto camarada, nadie sale de Hidekel". Había descartado la frase asumiendo que se trataba de que nadie se quería ir, ahora comprendía que ninguno podía hacerlo.
jueves, diciembre 10, 2009
miércoles, diciembre 09, 2009
Confrontación de sangre
La lanza voló por los aires, cortando el viento directo hacia la cabeza de su oponente.
Aunque comenzar por ahí sería quizás adelantarme demasiado a los hechos.
Hubo una época en que los hombres no se medían por el tamaño de su virilidad o la cantidad de armas que pudieran tener escondidas en el placard. Los hombres eran hombres por el coraje que poseían, por como enfrentaban a sus enemigos y como −por sobre todas las cosas− vencían lo imposible.
Me han contado que ahora son todos una tribu de afeminados que solamente se pelean por tener el último juguete electrónico y usar harapos a la moda.
Es verdad lo que decís: Antes era necesario la valentía porque no había leyes. Bueno, en realidad leyes había, pero no eran perfectas porque los Dioses que las hacían tenían fallas como los mismos mortales.
Hablando de los Dioses: fue su ceguera la que los llevó a su perdición. Obnubilados para observar su decadencia mientras se deleitaban en placeres inmundos. Sodoma y Gomorra fueron un juego de niños comparado con esto.
Incluso el propio Hades no pudo detenerlos, simplemente se refugió en sus dominios sabiendo que allí estaría protegido. Aunque pensándolo bien, no creo que no haya podido detenerlos, sino más bien que no quiso detenerlos. ¿Qué más quiere él que la destitución del patriarcado?
Los hombres sabían que en tiempos difíciles podían recurrir a sus deidades y estas responderían. Pero cuando los tiempos oscuros provienen desde el mismo olimpo… Oh hijo. No hay muchos lugares a donde acudir ¿No es así?
Y fue así como pasó lo que debía pasar: el hijo se reveló contra su padre. Pero ese hijo, aunque no era mortal, tampoco llegaba a ser un Dios. Por ese motivo la batalla estaba ganada por el olimpo incluso antes de haber esta comenzado.
Pero aquí viene lo extraño: El hijo de los Dioses sabía esto y sin embargo fue a sacudir las puertas del cielo intentando poner orden donde la lujuria y la soberbia gobernaban.
Recuerdo que Hermes fue el primero en intentar detenerlo y fue también el primero en caer bajo el filo de la espada.
¿Cómo una espada podía matar a un Dios? Es bien simple: era una espada olímpica. Uno a uno fueron cayendo hasta que Melkart llegó a los pies de su padre. Este lo increpó por su insubordinación y le lanzó un rayo haciéndolo volar por los cielos. Creyéndolo muerto se olvidó de él.
Melkart con su último soplido dijo las palabras que jamás olvidaré en toda mi existencia:
“Padre, te lo suplico: Acuérdate de mi. Acuérdate que te amo. Por eso, dame fuerzas una vez más. Después puedes hacer de mi lo que desees”
Tomó del suelo la lanza del difunto Ares y con fuerzas inexistentes la arrojó hacia su objetivo. La lanza voló por los aires, cortando el viento directo hacia la cabeza de su oponente. El golpe fue directo en el ojo de su padre. Mientras este gritaba por el dolor su hijo caía muerto.
Pero el Dios no murió, tuerto y dolorido contemplo con su ciclópeo ojo la sangre correr por las tierras que unían el cielo con la tierra.
Abatido, dejó que los mortales se controlen a ellos mismos y que de ellos surja el destino que se merecen.
Cerró las puertas olímpicas y emulando a Nerón dejó que todo arda en la purificación de las llamas. Jamás se supo de él nuevamente, aunque se dice que ronda entre los hombres buscando aquel que tenga el valor de ocupar el lugar que su hijo dejó.
¿Qué como sé yo esto? Je, je. Digamos que hace mucho que estoy caminando y no se pueden evitar escuchar ciertas historias.
Aunque comenzar por ahí sería quizás adelantarme demasiado a los hechos.
Hubo una época en que los hombres no se medían por el tamaño de su virilidad o la cantidad de armas que pudieran tener escondidas en el placard. Los hombres eran hombres por el coraje que poseían, por como enfrentaban a sus enemigos y como −por sobre todas las cosas− vencían lo imposible.
Me han contado que ahora son todos una tribu de afeminados que solamente se pelean por tener el último juguete electrónico y usar harapos a la moda.
Es verdad lo que decís: Antes era necesario la valentía porque no había leyes. Bueno, en realidad leyes había, pero no eran perfectas porque los Dioses que las hacían tenían fallas como los mismos mortales.
Hablando de los Dioses: fue su ceguera la que los llevó a su perdición. Obnubilados para observar su decadencia mientras se deleitaban en placeres inmundos. Sodoma y Gomorra fueron un juego de niños comparado con esto.
Incluso el propio Hades no pudo detenerlos, simplemente se refugió en sus dominios sabiendo que allí estaría protegido. Aunque pensándolo bien, no creo que no haya podido detenerlos, sino más bien que no quiso detenerlos. ¿Qué más quiere él que la destitución del patriarcado?
Los hombres sabían que en tiempos difíciles podían recurrir a sus deidades y estas responderían. Pero cuando los tiempos oscuros provienen desde el mismo olimpo… Oh hijo. No hay muchos lugares a donde acudir ¿No es así?
Y fue así como pasó lo que debía pasar: el hijo se reveló contra su padre. Pero ese hijo, aunque no era mortal, tampoco llegaba a ser un Dios. Por ese motivo la batalla estaba ganada por el olimpo incluso antes de haber esta comenzado.
Pero aquí viene lo extraño: El hijo de los Dioses sabía esto y sin embargo fue a sacudir las puertas del cielo intentando poner orden donde la lujuria y la soberbia gobernaban.
Recuerdo que Hermes fue el primero en intentar detenerlo y fue también el primero en caer bajo el filo de la espada.
¿Cómo una espada podía matar a un Dios? Es bien simple: era una espada olímpica. Uno a uno fueron cayendo hasta que Melkart llegó a los pies de su padre. Este lo increpó por su insubordinación y le lanzó un rayo haciéndolo volar por los cielos. Creyéndolo muerto se olvidó de él.
Melkart con su último soplido dijo las palabras que jamás olvidaré en toda mi existencia:
“Padre, te lo suplico: Acuérdate de mi. Acuérdate que te amo. Por eso, dame fuerzas una vez más. Después puedes hacer de mi lo que desees”
Tomó del suelo la lanza del difunto Ares y con fuerzas inexistentes la arrojó hacia su objetivo. La lanza voló por los aires, cortando el viento directo hacia la cabeza de su oponente. El golpe fue directo en el ojo de su padre. Mientras este gritaba por el dolor su hijo caía muerto.
Pero el Dios no murió, tuerto y dolorido contemplo con su ciclópeo ojo la sangre correr por las tierras que unían el cielo con la tierra.
Abatido, dejó que los mortales se controlen a ellos mismos y que de ellos surja el destino que se merecen.
Cerró las puertas olímpicas y emulando a Nerón dejó que todo arda en la purificación de las llamas. Jamás se supo de él nuevamente, aunque se dice que ronda entre los hombres buscando aquel que tenga el valor de ocupar el lugar que su hijo dejó.
¿Qué como sé yo esto? Je, je. Digamos que hace mucho que estoy caminando y no se pueden evitar escuchar ciertas historias.
sábado, noviembre 28, 2009
Negocios
Afuera la turba grita con sus pancartas. Detrás del vidrio especial polarizado Miguel contempla todo desde su oficina del piso veinticuatro.
La puerta se abre lentamente y Sabrina da unos pasos silenciosos.
- “¿Qué es lo que sucede?”
- “Obviamente están en contra de nuestro producto”
Miguel gira completamente para verla de frente.
- “Sé que esos neardentales están ahí afuera por eso, quiero saber que es lo que haces vos acá adentro”
- “Solamente vengo a avisarte que la comisión evaluadora acaba de llegar”
Sin decir una palabra mira una vez más a la muchedumbre que grita bajo el Sol. Se ajusta el saco a su marcado cuerpo y sale de la oficina como si nadie más estuviera ahí.
El ascensor se mueve casi imperceptiblemente, aunque Miguel puede notarlo. Desciende treinta pisos hasta que se detiene, los paneles se abren silenciosamente.
Frente al ascensor una gran puerta de madera hermosamente tallada custodiada a cada lado por dos especimenes anabolizados del homo sapiens sapiens. La gran puerta emite el mismo sonido muerto que el ascensor al cerrarse.
Varios de los hombres que están en la gran sala voltean para recibir a Miguel.
- “Disculpen la tardanza señores”
- “Dejemos las formalidades a un lado y hablemos de las aberraciones que se hacen en este edificio”
- “No son peores que de las aberraciones que se producen bajo su techo monseñor”
El viejo cura no se atreve a replicar y se sienta mirando el piso.
- “Coincido con la curia en que dejemos de perder tiempo y vayamos al grano”
- “Como usted desee General. Valhalla enterprise se dedicó desde sus inicios a la investigación, llevando esa premisa más lejos que cualquier otra empresa existente o histórica.”
- “¿Pero cómo llegaron a desafiar a Dios de esta forma?”
El monseñor se había repuesto un poco, aunque sus palabras no fueron pronunciadas duramente, sino más bien como una súplica.
- “Nosotros le dimos a la gente lo que deseaba. Si se desató el infierno como usted proclama, fue porque ahí afuera lo estaban pidiendo a gritos. Hace años que los libros más vendidos, las películas más taquilleras… todo gira en torno a los vampiros…”
- “¡Pero vender la formula que convierte a las pobres almas en vampiros es cruzar un límite muy peligroso!”
- “No existe eso de pobres almas, ellos pagan por eso. No se los engaña, no hay tentación más que el resultado”
- “Están matando gente…”
- “¿No es eso acaso lo que un vampiro hace?”
- “Usted y su compañía están fuera de si”
- “Miren, no estamos infligiendo ninguna ley, lo que ustedes plantean es un problema moral. Similar al que tuvieron las compañías tabacaleras en el siglo pasado. Se quejan de nuestro producto y se quejarán del que sacaremos el mes siguiente”
Los hombre se miran desconcertados, no se esperaban que la gente de Valhalla enterprise compartiera esa valiosa información.
- “¿Qué nuevo producto?”
- “Pensé que con los contactos que manejan lo sabrían para este momento. Debo felicitar a los muchachos de confidenciabilidad entonces”
Miguel sonríe, sabe que no tienen idea de lo que está hablando. Saca una llave de su bolsillo y abre un cajón que está frente a él, saca un simple expediente dentro de una carpeta de papel madera y la tira frente al monseñor.
El cansado viejo toma la carpeta entre sus manos, la abre y lentamente comienza a leer.
- “¿Es esto cierto?”
- “Nosotros nunca bromeamos cuando se trata de negocios monseñor”
Saca un segundo sobre del cajón y se lo alcanza al General
- “Creo que encontrará esta información… estimulante”
Mientras el General devoraba las letras impresas el monseñor se acerca a Miguel
- “¿Pueden realmente hacer esto?”
- “Cien por ciento seguro, y como usted sabe: la confidencialidad es nuestro negocio. Nadie se enteraría jamás”
- “Yo… tengo que analizar esto”
- “Cuando usted lo decida, nosotros estaremos esperándolo. ¿Y usted general? ¿Qué me dice?”
- “Usted sabe como hacer negocios”
Miguel sonríe. Los deja compenetrados en la lectura, en los sueños.
La gran puerta de madera hermosamente tallada se abre silenciosamente, los dos custodios a cada lado ni se inmutan a su paso. Los paneles del ascensor emiten el mismo sonido muerto que la gran puerta. Asciende treinta pisos hasta que se detiene. Ella lo sigue esperando en su oficina.
- “¿Y Miguel? ¿Cómo te fue?”
- “Son humanos después de todo, y tienen sus tentaciones”
- “¿El monseñor cayó fácil?”
- “Se hizo el difícil hasta que vio nuestra fórmula Jekyll-Hyde”
- “¿Cómo sabías que ése era su deseo?”
- “El hombre anda todo el día con una sotana, que no es más que una pollera larga. Además habíamos investigado sus… deseos carnales”
- “¿Y el general? ¿Cómo lo tomó?”
- “Mucho más rápido…”
Miguel se acerca a la ventana y contempla a la turba que sigue afuera.
- “¿Qué vas a hacer con ellos?”
- “Esperar a que se oculte el sol”
Y mientras lo dice siente como se le hace agua la boca.
La puerta se abre lentamente y Sabrina da unos pasos silenciosos.
- “¿Qué es lo que sucede?”
- “Obviamente están en contra de nuestro producto”
Miguel gira completamente para verla de frente.
- “Sé que esos neardentales están ahí afuera por eso, quiero saber que es lo que haces vos acá adentro”
- “Solamente vengo a avisarte que la comisión evaluadora acaba de llegar”
Sin decir una palabra mira una vez más a la muchedumbre que grita bajo el Sol. Se ajusta el saco a su marcado cuerpo y sale de la oficina como si nadie más estuviera ahí.
El ascensor se mueve casi imperceptiblemente, aunque Miguel puede notarlo. Desciende treinta pisos hasta que se detiene, los paneles se abren silenciosamente.
Frente al ascensor una gran puerta de madera hermosamente tallada custodiada a cada lado por dos especimenes anabolizados del homo sapiens sapiens. La gran puerta emite el mismo sonido muerto que el ascensor al cerrarse.
Varios de los hombres que están en la gran sala voltean para recibir a Miguel.
- “Disculpen la tardanza señores”
- “Dejemos las formalidades a un lado y hablemos de las aberraciones que se hacen en este edificio”
- “No son peores que de las aberraciones que se producen bajo su techo monseñor”
El viejo cura no se atreve a replicar y se sienta mirando el piso.
- “Coincido con la curia en que dejemos de perder tiempo y vayamos al grano”
- “Como usted desee General. Valhalla enterprise se dedicó desde sus inicios a la investigación, llevando esa premisa más lejos que cualquier otra empresa existente o histórica.”
- “¿Pero cómo llegaron a desafiar a Dios de esta forma?”
El monseñor se había repuesto un poco, aunque sus palabras no fueron pronunciadas duramente, sino más bien como una súplica.
- “Nosotros le dimos a la gente lo que deseaba. Si se desató el infierno como usted proclama, fue porque ahí afuera lo estaban pidiendo a gritos. Hace años que los libros más vendidos, las películas más taquilleras… todo gira en torno a los vampiros…”
- “¡Pero vender la formula que convierte a las pobres almas en vampiros es cruzar un límite muy peligroso!”
- “No existe eso de pobres almas, ellos pagan por eso. No se los engaña, no hay tentación más que el resultado”
- “Están matando gente…”
- “¿No es eso acaso lo que un vampiro hace?”
- “Usted y su compañía están fuera de si”
- “Miren, no estamos infligiendo ninguna ley, lo que ustedes plantean es un problema moral. Similar al que tuvieron las compañías tabacaleras en el siglo pasado. Se quejan de nuestro producto y se quejarán del que sacaremos el mes siguiente”
Los hombre se miran desconcertados, no se esperaban que la gente de Valhalla enterprise compartiera esa valiosa información.
- “¿Qué nuevo producto?”
- “Pensé que con los contactos que manejan lo sabrían para este momento. Debo felicitar a los muchachos de confidenciabilidad entonces”
Miguel sonríe, sabe que no tienen idea de lo que está hablando. Saca una llave de su bolsillo y abre un cajón que está frente a él, saca un simple expediente dentro de una carpeta de papel madera y la tira frente al monseñor.
El cansado viejo toma la carpeta entre sus manos, la abre y lentamente comienza a leer.
- “¿Es esto cierto?”
- “Nosotros nunca bromeamos cuando se trata de negocios monseñor”
Saca un segundo sobre del cajón y se lo alcanza al General
- “Creo que encontrará esta información… estimulante”
Mientras el General devoraba las letras impresas el monseñor se acerca a Miguel
- “¿Pueden realmente hacer esto?”
- “Cien por ciento seguro, y como usted sabe: la confidencialidad es nuestro negocio. Nadie se enteraría jamás”
- “Yo… tengo que analizar esto”
- “Cuando usted lo decida, nosotros estaremos esperándolo. ¿Y usted general? ¿Qué me dice?”
- “Usted sabe como hacer negocios”
Miguel sonríe. Los deja compenetrados en la lectura, en los sueños.
La gran puerta de madera hermosamente tallada se abre silenciosamente, los dos custodios a cada lado ni se inmutan a su paso. Los paneles del ascensor emiten el mismo sonido muerto que la gran puerta. Asciende treinta pisos hasta que se detiene. Ella lo sigue esperando en su oficina.
- “¿Y Miguel? ¿Cómo te fue?”
- “Son humanos después de todo, y tienen sus tentaciones”
- “¿El monseñor cayó fácil?”
- “Se hizo el difícil hasta que vio nuestra fórmula Jekyll-Hyde”
- “¿Cómo sabías que ése era su deseo?”
- “El hombre anda todo el día con una sotana, que no es más que una pollera larga. Además habíamos investigado sus… deseos carnales”
- “¿Y el general? ¿Cómo lo tomó?”
- “Mucho más rápido…”
Miguel se acerca a la ventana y contempla a la turba que sigue afuera.
- “¿Qué vas a hacer con ellos?”
- “Esperar a que se oculte el sol”
Y mientras lo dice siente como se le hace agua la boca.
jueves, noviembre 12, 2009
Espera
Mi nombre es Ricardo, sesenta y cuatro años. De profesión: sobreviviente. Aunque nací un lluvioso día de Junio, mi vida no comenzó ese día.
¿Notaron que a veces uno siente con total seguridad que está predestinado para algo? Yo sabía que mi vida iba a dar un vuelco en un momento determinado, sólo había que esperar. "Ya verán -solía decir- mi vida pronto comenzará".
A mis diez y ocho años conocí a una dulce muchacha, la cual a los pocos meses se convirtió en mi mujer. Eso ocurrió un tres de febrero. Y no, ese no fue el día que mi vida comenzó. Ella era realmente excepcional, distaba de la media de las mujeres de su época. Era ingeniosa, divertida y por sobre todas las cosas: amaba vivir. Nos pasábamos tardes enteras planeando como sería nuestra vida una vez que realmente comience. Ambos queríamos viajar, caminar largos trechos sin mapas, descubrir costumbres locales y maravillarnos ante las cosas más comunes. "Ya verán -solíamos decir- nuestra vida pronto comenzará".
La perdí paradójicamente un tres de febrero, un ataque cardiovascular la arrebató de mis manos. Sinceramente no quería que mi vida comience esos días y sabiamente no lo hizo. Me permitió despedirla como se merecía. Sobre su tumba le juré que una vez que mi vida comience haría todo lo que hablamos durante nuestros años compartidos.
En una jugarreta del destino, caí por las escaleras de nuestra casa y me quebré el cuello.
No logro entender como alguien puede morir antes de haber nacido, es simplemente... tan injusto
¿Notaron que a veces uno siente con total seguridad que está predestinado para algo? Yo sabía que mi vida iba a dar un vuelco en un momento determinado, sólo había que esperar. "Ya verán -solía decir- mi vida pronto comenzará".
A mis diez y ocho años conocí a una dulce muchacha, la cual a los pocos meses se convirtió en mi mujer. Eso ocurrió un tres de febrero. Y no, ese no fue el día que mi vida comenzó. Ella era realmente excepcional, distaba de la media de las mujeres de su época. Era ingeniosa, divertida y por sobre todas las cosas: amaba vivir. Nos pasábamos tardes enteras planeando como sería nuestra vida una vez que realmente comience. Ambos queríamos viajar, caminar largos trechos sin mapas, descubrir costumbres locales y maravillarnos ante las cosas más comunes. "Ya verán -solíamos decir- nuestra vida pronto comenzará".
La perdí paradójicamente un tres de febrero, un ataque cardiovascular la arrebató de mis manos. Sinceramente no quería que mi vida comience esos días y sabiamente no lo hizo. Me permitió despedirla como se merecía. Sobre su tumba le juré que una vez que mi vida comience haría todo lo que hablamos durante nuestros años compartidos.
En una jugarreta del destino, caí por las escaleras de nuestra casa y me quebré el cuello.
No logro entender como alguien puede morir antes de haber nacido, es simplemente... tan injusto
miércoles, octubre 07, 2009
Cuadernos en la biblioteca
Lamento comenzar esta historia con la muerte de mi tía. Aunque este hecho si bien es el desencadenante, sólo tiene como punto importante ese factor. No ahondaré en la vida de mi fallecida tía porque sería una pérdida de tiempo, lo único a saber es que murió soltera y sin descendencia.
Me hallaba pues en la casa de mi tía, mirando entre los despojos que los buitres de mis familiares habían dejado. No fue extraño notar que lo único que esos insensible no habían tocado era la biblioteca.
En este punto quiero agregar algo para que se entienda la relevancia de aquellos libros: Mi tía era antropóloga y le fascinaba el estudio de culturas poco conocidas.
Volviendo al tema principal, obviamente mis parientes no eran grandes fanáticos de los libros y menos de aquellos que no tenían ni un dibujo (aunque debo decir que la mayoría de los que se hallaban en aquella biblioteca contenían gran cantidad de fotografías), por consiguiente me llevé aquel olvidado botín.
Con el tiempo fui leyendo varios de los libros, hasta que me topé con un cuaderno que había confundido por un libro dado su grosor. Lo importante es que estaba escrito por el puño y letra de mi tía.
El cuaderno contaba el hallazgo de un mundo paralelo que pertenece al nuestro y a la vez el nuestro pertenece al otro (Como si se tratara de una botella de Klein). La principal diferencia entre ambos mundos era que en aquel otro la magia era posible.
En ese punto dudé de la cordura mental de mi tía, pero la investigación que había hecho no se limitaba meramente a formular la existencia de aquel lugar.
El mundo paralelo (en ninguna parte se hacía mención al nombre) era el responsable de los magos, dragones y toda clase de mitología existente hasta la edad media. Los seres podían pasar de un mundo a otro sin inconvenientes por medio de “portales”.
Y aquí viene lo extraño: los “portales” eran superficies planas, como ventanas al otro lado. Una persona podía pasar tranquilamente si sabía como abrir el portal. Aparentemente había muy pocos portales localizados estratégicamente.
Por algún motivo que no se explica, el mundo paralelo es de una categoría superior al nuestro, es por eso que allí la magia es posible, en nuestro mundo las energías aún no se han equilibrado y por eso es que no somos capaces de… hacer lo que sea que hace la magia.
Este mundo paralelo podía cerrar los portales con gruesas capas de acero, como si fueran una gran bóveda de un banco, las cuales sólo se abrían invocando cierto conjuro.
Para nuestro mundo los portales quedaban entonces… como espejos. Esta idea justifica la gran cantidad de historias existentes (la más conocida es la de Alicia, que no es otra cosa que una historia egipcia ambientada a la época de Lewis Carroll).
Algo pasó entre los siglos XII y XIII que aparentemente los portales dejaron de abrirse. En realidad la invención del vidrio plano hizo que mucha gente colocara espejos en sus viviendas (la gente acaudalada, no era como hoy un artículo cotidiano). El hecho de existir un espejo en una vivienda era signo de estatus, ya que significaba que esa vivienda tenía contacto directo con el universo superior. La propagación de falsos portales hizo que los verdaderos se perdieran.
Un gran legado de aquellos tiempos es lo que sucedía al mortal de este mundo si quería cruzar sin permiso al otro lado: corría el riesgo de romper el vínculo entre ambos mundos al no abrirlo correctamente. Para estos fines, los portales poseían una gran magia o maldición que llegó a nuestros días como una superstición de mala suerte al romper un espejo.
Como dije antes, algo sucedió porque la buena relación que ambos mundos tenían dejó de existir: fue cuando los unicornios desaparecieron, ogros y duendes ocuparon su lugar. Maldiciones convirtieron a hombres normales en bestias mitad lobo o mitad caballo. Las personas perdían la razón cometiendo los más atroces crímenes y violaciones. Y lo más importante, la historia del Satán polimorfo comenzó a circular: el hacedor de engaños, el gran simulador.
Los portales están ocultos, pero siguen existiendo aunque nosotros no sepamos cuales son ni donde se encuentran.
Casi al final de aquel cuaderno mi tía se pregunta si los magos del mundo paralelo no usarían su poder para convertir cada espejo que fabricamos en un potencial portal.
¿Se imaginan las consecuencias? Les estamos sirviendo en bandeja de plata todo nuestro mundo: nuestras casas, oficinas, negocios… hay un espejo en cada lugar.
En teoría, una forma de saber si el espejo está siendo utilizado como portal es descubrir pequeñas incongruencias en el reflejo: un color diferente, una cortina que se mueve, cualquier pequeño detalle.
Mi tía afirma en una de las últimas anotaciones que el otro mundo puede también vernos a través del cristal… no sé si fue la sugestión que me provocó la lectura de este cuaderno o que, pero esa misma noche cuando me estaba secando las manos creí ver en el espejo un par de ojos que me miraban. Al girar sólo pude ver mi reflejo, pero la sensación aún estaba.
En mi casa ya no existe ningún espejo, volví a la vieja costumbre de usar un metal finamente pulido para ver mi imagen.
Tomen mi historia como verdadera o como los desvaríos de una vieja loca. Pero considérense advertidos: el diablo existe y está del otro lado del espejo.
Me hallaba pues en la casa de mi tía, mirando entre los despojos que los buitres de mis familiares habían dejado. No fue extraño notar que lo único que esos insensible no habían tocado era la biblioteca.
En este punto quiero agregar algo para que se entienda la relevancia de aquellos libros: Mi tía era antropóloga y le fascinaba el estudio de culturas poco conocidas.
Volviendo al tema principal, obviamente mis parientes no eran grandes fanáticos de los libros y menos de aquellos que no tenían ni un dibujo (aunque debo decir que la mayoría de los que se hallaban en aquella biblioteca contenían gran cantidad de fotografías), por consiguiente me llevé aquel olvidado botín.
Con el tiempo fui leyendo varios de los libros, hasta que me topé con un cuaderno que había confundido por un libro dado su grosor. Lo importante es que estaba escrito por el puño y letra de mi tía.
El cuaderno contaba el hallazgo de un mundo paralelo que pertenece al nuestro y a la vez el nuestro pertenece al otro (Como si se tratara de una botella de Klein). La principal diferencia entre ambos mundos era que en aquel otro la magia era posible.
En ese punto dudé de la cordura mental de mi tía, pero la investigación que había hecho no se limitaba meramente a formular la existencia de aquel lugar.
El mundo paralelo (en ninguna parte se hacía mención al nombre) era el responsable de los magos, dragones y toda clase de mitología existente hasta la edad media. Los seres podían pasar de un mundo a otro sin inconvenientes por medio de “portales”.
Y aquí viene lo extraño: los “portales” eran superficies planas, como ventanas al otro lado. Una persona podía pasar tranquilamente si sabía como abrir el portal. Aparentemente había muy pocos portales localizados estratégicamente.
Por algún motivo que no se explica, el mundo paralelo es de una categoría superior al nuestro, es por eso que allí la magia es posible, en nuestro mundo las energías aún no se han equilibrado y por eso es que no somos capaces de… hacer lo que sea que hace la magia.
Este mundo paralelo podía cerrar los portales con gruesas capas de acero, como si fueran una gran bóveda de un banco, las cuales sólo se abrían invocando cierto conjuro.
Para nuestro mundo los portales quedaban entonces… como espejos. Esta idea justifica la gran cantidad de historias existentes (la más conocida es la de Alicia, que no es otra cosa que una historia egipcia ambientada a la época de Lewis Carroll).
Algo pasó entre los siglos XII y XIII que aparentemente los portales dejaron de abrirse. En realidad la invención del vidrio plano hizo que mucha gente colocara espejos en sus viviendas (la gente acaudalada, no era como hoy un artículo cotidiano). El hecho de existir un espejo en una vivienda era signo de estatus, ya que significaba que esa vivienda tenía contacto directo con el universo superior. La propagación de falsos portales hizo que los verdaderos se perdieran.
Un gran legado de aquellos tiempos es lo que sucedía al mortal de este mundo si quería cruzar sin permiso al otro lado: corría el riesgo de romper el vínculo entre ambos mundos al no abrirlo correctamente. Para estos fines, los portales poseían una gran magia o maldición que llegó a nuestros días como una superstición de mala suerte al romper un espejo.
Como dije antes, algo sucedió porque la buena relación que ambos mundos tenían dejó de existir: fue cuando los unicornios desaparecieron, ogros y duendes ocuparon su lugar. Maldiciones convirtieron a hombres normales en bestias mitad lobo o mitad caballo. Las personas perdían la razón cometiendo los más atroces crímenes y violaciones. Y lo más importante, la historia del Satán polimorfo comenzó a circular: el hacedor de engaños, el gran simulador.
Los portales están ocultos, pero siguen existiendo aunque nosotros no sepamos cuales son ni donde se encuentran.
Casi al final de aquel cuaderno mi tía se pregunta si los magos del mundo paralelo no usarían su poder para convertir cada espejo que fabricamos en un potencial portal.
¿Se imaginan las consecuencias? Les estamos sirviendo en bandeja de plata todo nuestro mundo: nuestras casas, oficinas, negocios… hay un espejo en cada lugar.
En teoría, una forma de saber si el espejo está siendo utilizado como portal es descubrir pequeñas incongruencias en el reflejo: un color diferente, una cortina que se mueve, cualquier pequeño detalle.
Mi tía afirma en una de las últimas anotaciones que el otro mundo puede también vernos a través del cristal… no sé si fue la sugestión que me provocó la lectura de este cuaderno o que, pero esa misma noche cuando me estaba secando las manos creí ver en el espejo un par de ojos que me miraban. Al girar sólo pude ver mi reflejo, pero la sensación aún estaba.
En mi casa ya no existe ningún espejo, volví a la vieja costumbre de usar un metal finamente pulido para ver mi imagen.
Tomen mi historia como verdadera o como los desvaríos de una vieja loca. Pero considérense advertidos: el diablo existe y está del otro lado del espejo.
miércoles, septiembre 30, 2009
Cuatro sellos
Cuando se comienza por el final es porque este es inevitable. Los acontecimientos que llevarán invariablemente hacia el final. Porque así está escrito, porque así se lo han buscado.
La primera canción sonó hace casi cien años y él recorrió la Tierra de norte a sur y de este a oeste esparciendo su semilla entre los hombres que sedientos de avaricia y cegados ante el odio se mataron unos a otros. No para destruirse, sino tan solo porque podían hacerlo.
Y el primer sello se rompió.
La segunda canción sonó muy poco después y el otro también recorrió las tierras y los mares tocando a cada ser humano en su camino. Las bocas se secaron y los estómagos sufrieron la carencia del alimento. Muchos se encontraron con la cruda realidad de no poseer ni siquiera los huesos que los mantenían en pie. Pero aún así siguieron peleando para dominarse los unos a los otros.
Y el segundo sello se rompió.
La tercera canción sonó también y cuando su caballo galopaba a cada paso la gente se retorcía cada vez más y caía casi muerta mientras sus flácidos cuerpos golpeaban el duro piso. No importaba cuantos morían, muchos seguían con ojos rojos matando a sus hermanos y muchos más no lograban levantarse por no poseer las fuerzas necesarias.
Y el tercer sello se rompió.
Estoy esperando mi canción, la cuarta y última canción.
Puedo escuchar los latidos de mi corazón en mi pecho, la excitación de la espera. Sé que al cruzar las rejas una gloria que no se puede expresar en palabras me acompañará y hasta siento que puedo llorar de la felicidad próxima.
Pero no debo adelantarme, ya no hay vuelta atrás de todas formas, sólo me resta esperar mi llamado. No es posible escapar a lo inevitable.
Miles de respiraciones cobran vida a mis espaldas fruto de mi mente, de mi sed de justicia. Gritan y aúllan, se relamen y comparten mi gozo.
Desenfundo mi espada, el ruido de la hoja sobre la funda es un éxtasis que llena mis oídos. Mi lengua se relame en mi boca saboreando la sangre que pronto beberé.
Una criatura a mi derecha desesperada comete el atrevimiento de dirigirme un mordisco, con un leve movimiento de mi brazo cerceno el cuello de tres. Las más cercanas retroceden, pero la sonrisa en mi boca les devuelve la confianza y se lanzan sobre los cadáveres.
A lo lejos escucho la música y aún no lo creo: mi canción finalmente es tocada. Las puertas se abren y mi caballo sale rápidamente seguido por la multitud de seres detrás.
El mundo ante mi está sucumbido en la guerra, el hambre y la enfermedad.
Yo vengo a terminar el trabajo.
Yo vengo para que cumplan su destino.
Yo soy la muerte y todos se rendirán ante mí.
La primera canción sonó hace casi cien años y él recorrió la Tierra de norte a sur y de este a oeste esparciendo su semilla entre los hombres que sedientos de avaricia y cegados ante el odio se mataron unos a otros. No para destruirse, sino tan solo porque podían hacerlo.
Y el primer sello se rompió.
La segunda canción sonó muy poco después y el otro también recorrió las tierras y los mares tocando a cada ser humano en su camino. Las bocas se secaron y los estómagos sufrieron la carencia del alimento. Muchos se encontraron con la cruda realidad de no poseer ni siquiera los huesos que los mantenían en pie. Pero aún así siguieron peleando para dominarse los unos a los otros.
Y el segundo sello se rompió.
La tercera canción sonó también y cuando su caballo galopaba a cada paso la gente se retorcía cada vez más y caía casi muerta mientras sus flácidos cuerpos golpeaban el duro piso. No importaba cuantos morían, muchos seguían con ojos rojos matando a sus hermanos y muchos más no lograban levantarse por no poseer las fuerzas necesarias.
Y el tercer sello se rompió.
Estoy esperando mi canción, la cuarta y última canción.
Puedo escuchar los latidos de mi corazón en mi pecho, la excitación de la espera. Sé que al cruzar las rejas una gloria que no se puede expresar en palabras me acompañará y hasta siento que puedo llorar de la felicidad próxima.
Pero no debo adelantarme, ya no hay vuelta atrás de todas formas, sólo me resta esperar mi llamado. No es posible escapar a lo inevitable.
Miles de respiraciones cobran vida a mis espaldas fruto de mi mente, de mi sed de justicia. Gritan y aúllan, se relamen y comparten mi gozo.
Desenfundo mi espada, el ruido de la hoja sobre la funda es un éxtasis que llena mis oídos. Mi lengua se relame en mi boca saboreando la sangre que pronto beberé.
Una criatura a mi derecha desesperada comete el atrevimiento de dirigirme un mordisco, con un leve movimiento de mi brazo cerceno el cuello de tres. Las más cercanas retroceden, pero la sonrisa en mi boca les devuelve la confianza y se lanzan sobre los cadáveres.
A lo lejos escucho la música y aún no lo creo: mi canción finalmente es tocada. Las puertas se abren y mi caballo sale rápidamente seguido por la multitud de seres detrás.
El mundo ante mi está sucumbido en la guerra, el hambre y la enfermedad.
Yo vengo a terminar el trabajo.
Yo vengo para que cumplan su destino.
Yo soy la muerte y todos se rendirán ante mí.
martes, septiembre 22, 2009
Introducción:
Les propongo algo: Tienen que mirar atentamente el lugar donde se encuentran. Cada objeto, su disposición y forma.
¿Listo? Muy bien. Ahora imaginen que ese lugar queda deshabitado y transcurren cientos de años en los cuales nadie mueve nada.
Sáquenle toda esa vegetación, no nos hace falta.
El último paso: imagínenlo de noche, sin Luna siquiera. Sumido en la más profunda oscuridad.
¿Pudieron seguirme hasta ahora? Bien...
Imaginen despertar en ese lugar, solos. Con exactamente las cosas que tienen ahora puestas y que este lugar, si bien parece desierto... no lo esta en absoluto. Se puede escuchar algún ruido aquí y allá de algo moviéndose, de algo respirando, de algo relamiéndose.
Y ustedes, queridos ignorantes... son el plato principal.
¿Listo? Muy bien. Ahora imaginen que ese lugar queda deshabitado y transcurren cientos de años en los cuales nadie mueve nada.
Sáquenle toda esa vegetación, no nos hace falta.
El último paso: imagínenlo de noche, sin Luna siquiera. Sumido en la más profunda oscuridad.
¿Pudieron seguirme hasta ahora? Bien...
Imaginen despertar en ese lugar, solos. Con exactamente las cosas que tienen ahora puestas y que este lugar, si bien parece desierto... no lo esta en absoluto. Se puede escuchar algún ruido aquí y allá de algo moviéndose, de algo respirando, de algo relamiéndose.
Y ustedes, queridos ignorantes... son el plato principal.
Fragmento de entrevista a paciente
Sin nombre. Historia Clínica 8429.
Admisión - Hospital Borda
Sin nombre. Historia Clínica 8429.
Admisión - Hospital Borda
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






